Los acuerdos comerciales celebrados entre el Reino Unido y los EEUU en la era Trump

Por Ricardo Ignacio Beltramino
Director de Pulso Internacional

Un eje transatlántico que se consolida bajo presión
El 8 de mayo de 2025, mediante una conferencia de prensa improvisada y transmitida en simultáneo desde Washington y Londres, el presidente Donald Trump y el primer ministro Keir Starmer anunciaron el Economic Prosperity Deal (EPD), el primero de una serie de acuerdos bilaterales que reconfigurarían la relación comercial angloamericana en los dieciocho meses subsiguientes. Este episodio podría leerse como un acontecimiento estrictamente económico entre dos socios históricos, pero este eje transatlántico viene experimentando vaivenes que van desde un proyecto de acuerdo de libre comercio en el 2020 a los actuales acuerdos así como implicancias geopolíticas directas que deben ser evaluadas a la hora de analizar los pasos a seguir en la disputa sobre la soberanía en las Islas Malvinas.
Trece años de fracasos y un acuerdo apresurado: la arquitectura del EPD
La relación comercial entre Estados Unidos y el Reino Unido arrastra más de una década de negociaciones fallidas. Tras el fracaso de las conversaciones del período 2013-2016 en el marco de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP) entre los Estados Unidos y la Unión Europea, el Brexit reposicionó a Londres como negociador autónomo, aunque sin el peso comercial colectivo del bloque continental, y en los ocho años transcurridos desde el Brexit, el anterior Gobierno no publicó ninguna estrategia comercial. Lo que llevó en el 2018 (primer gobierno de Trump) a proyectar una Acuerdo de libre comercio con los EEUU. El análisis de los textos disponibles de las negociaciones del acuerdo de libre comercio UK-USA confirma que figura entre los objetivos estratégicos de Londres en la relación con Washington. En efecto, el 16 de octubre de 2018, Estados Unidos anunció su intención de negociar un acuerdo comercial con el Reino Unido. El Reino Unido publicó sus objetivos de negociación para un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos el 2 de marzo de 2020. El 5 de mayo de 2020, los gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido comenzaron a negociar un Acuerdo de Libre Comercio entre EE. UU. y el Reino Unido. Las conversaciones cubrían el comercio de bienes y servicios, el comercio digital, la inversión y el apoyo a las PYME. Aproximadamente 200 negociadores de EE.UU y el Reino Unido realizaron la primera ronda de un TLC EE.UU.-Reino Unido entre el 5 y el 15 de mayo de 2020. Los intentos del primer mandato Trump (2020) quedaron truncos, y la administración Biden desestimó los acuerdos de libre comercio como instrumento prioritario de política exterior. Fue la amenaza arancelaria del segundo mandato Trump —el denominado "Liberation Day" del 2 de abril de 2025, que impuso un aranceles recíprocos de base del 10% sobre las importaciones británicas, además de un 25% específico sobre el sector automotriz que llevó al apresuramiento en las negociaciones del EPD. Las exportaciones del Reino Unido a EE. UU. están sujetas a un arancel menor del 10% para una cuota de 100.000 vehículos. Esta es una buena noticia para marcas de lujo británicas emblemáticas como Aston Martin, Bentley y McLaren, pero también para el mayor fabricante de vehículos, Jaguar Land Rover.
El acuerdo EPD garantiza además la eliminación de los nuevos aranceles que Estados Unidos impuso al acero y al aluminio en marzo, mediante cuotas libres de aranceles. Y en la agenda se establecieron negociaciones sectoriales para; la industria farmacéutica, los semiconductores, los minerales críticos, el cobre, la madera y la producción cinematográfica. Según un análisis del Trade Justice Movement, el resultado fue un acuerdo que, llamativamente, el propio texto del EPD reconoce como no vinculante jurídicamente; la cláusula del preámbulo es explícita al señalar que "Both the United States and the United Kingdom recognize that this document does not constitute a legally binding agreement" es decir que "ambas partes reconocen que este documento no constituye un acuerdo legalmente vinculante". Esta característica define el alcance real del instrumento: el EPD funcionó como un acuerdo político de intenciones, diseñado para producir efectos de imagen antes que transformaciones comerciales estructurales. El análisis del Trade Justice Movement es lapidario al respecto: el Reino Unido se encuentra hoy en una posición comercial frente a Estados Unidos peor que la de marzo de 2025, con escasa influencia real en Washington.

El Tech Prosperity Deal, el acuerdo farmacéutico y la visita de Trump al Reino Unido
El EPD de mayo de 2025 fue seguido, en septiembre de ese mismo año, por el Tech Prosperity Deal, negociado en el marco de la visita de Estado del presidente Trump al Reino Unido —un hecho de alto valor simbólico que Starmer había preparado estratégicamente desde su primera visita a Washington en febrero de 2025, cuando extendió la invitación para el encuentro con la Casa Real. En diciembre de 2025 se sumó un tercer acuerdo sectorial, esta vez en materia farmacéutica.

Miércoles 17 de septiembre 2025
La visita de Estado, con el rey Carlos III como anfitrión, adquirió una dimensión que trasciende lo protocolar. La imagen de Trump en el castillo de Windsor refuerza la narrativa de una alianza que combina el capital simbólico de la monarquía británica con el pragmatismo transaccional de la administración republicana. Starmer apostó deliberadamente a la proximidad con la Corona como factor de influencia sobre Trump, una estrategia que, con todas sus fragilidades, contribuyó a mantener al Reino Unido dentro del radar de la Casa Blanca en un momento de alta volatilidad geopolítica.
La amenaza iraní y las tensiones subyacentes del vínculo especial
El proceso negociador no estuvo exento de turbulencias. En el marco de las presiones de la administración Trump sobre sus aliados para adoptar posiciones más duras frente a Irán, Londres resistió el alineamiento automático, generando fricciones que amenazaron con descarrilar las conversaciones comerciales. La postura británica de mayor cautela diplomática frente a Teherán fue leída en Washington como una señal de ambigüedad estratégica, y Trump no tardó en utilizar los instrumentos arancelarios como palanca de presión. Este episodio ilustra con claridad la naturaleza asimétrica de la relación: el Reino Unido, desprovisto del paraguas colectivo de la Unión Europea, negocia en una posición de debilidad estructural frente a un socio que instrumentaliza el comercio con fines de política exterior.
El primer ministro inglés Starmer, consciente de esa asimetría, declaró que "la prioridad inmediata es mantener la calma y pelear por el mejor acuerdo posible", una formulación que evidencia tanto la presión doméstica como los límites de su margen de maniobra real. En los debates parlamentarios sobre las negociaciones comerciales del 8 de mayo de 2025, varios legisladores cuestionaron la falta de transparencia del proceso y la ausencia de objetivos publicados, lo cual refuerza la lectura de que los acuerdos fueron impulsados por la urgencia política antes que por una estrategia comercial comprehensiva.
Implicancias para la cuestión Malvinas: el triángulo Washington-Londres-Buenos Aires
La supuesta neutralidad de Estados Unidos en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas; formalmente sostenida desde 1982 bajo el argumento de que insta a ambas partes a resolver el diferendo por vías diplomática, ha coexistido históricamente con un alineamiento estratégico profundo con Londres en materia militar, de inteligencia y de política exterior.
“Anchored by the deep friendship between our people, this relationship which, with good reason, we and our predecessors have long called ‘special’, has made us safer and stronger through the generations.”
Rey Carlos de Inglaterra - Sept. 2025
A esta situación debemos sumarle el interés geopolítico que tienen los estrechos para el tráfico comercial, como es el caso del estrecho de Magallanes, importancia que ha llevado a los EEUU a considerar el estrecho de Ormuz como territorio propio.
Los tres acuerdos comerciales entre el Reino Unido y Estados Unidos en línea con el establecido por este país con Argentina marcan una tendencia en donde los tres países tienen cierto tipo de alinemiento comercial, sin embargo la agenda bilateral es estrictamente económica en su superficie, pero profundamente geopolítica en su sustancia, ya que la consolidación del vínculo Washington-Londres eleva el costo político implícito de cualquier postura que el gobierno estadounidense pudiera interpretarse como un distanciamiento de su aliado británico en la cuestión Malvinas. El marco de cooperación tecnológica y farmacéutica abierto por el Tech Prosperity Deal y el acuerdo de diciembre de 2025 genera cadenas de interdependencia sectorial que incentivan la estabilidad del vínculo bilateral pero está lejos de un acuerdo de libre comercio como el proyectado en el 2020.
La Cancillería Argentina deberá evaluar si su estrategia de multilateralización del reclamo, sustentada en la CELAC, el MERCOSUR y las resoluciones de la ONU, resulta suficiente para contrarrestar el peso creciente de este eje bilateral, o si es necesaria una diplomacia más activa ante Washington, capaz de aprovechar un vínculo comercial de menor intensidad y de lógica transaccional que hoy domina las relaciones angloamericanas.

Director de Pulso Internacional
Abogado especializado en comercio internacional e inversiones productivas, con más de 25 años acompañando negociaciones comerciales internacionales participando como asesor de gobiernos y de empresas en su proceso de internacionalización. En Pulso Internacional analizamos el comercio exterior brindando claridad y mostrando el contexto internacional para que su empresa exporte e invierta más.
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